domingo, 5 de julio de 2015

Llantos por la noche, dolor insoportable. ¡Dientes fuera!

A las cuatro de la madrugada Aarón empezó a llorar desconsoladamente. Pensé que tenía hambre, pues hay noches que todavía me pide biberón, pero después de comer, siguió llorando y ahora sí, sonaba a dolor. Lo probamos todo, cogerlo a brazo, pasearlo, meterlo en nuestra cama… Al final le dimos un poco de paracetamol y su llanto se marchó automáticamente.

¿Qué le ocurre? ¿Por qué llora? Su forma de comunicarse es llorando, y para nosotros se convierte en un juego de adivinanzas. ¿Será esto? ¿Será lo otro? En eso precisamente consiste la maternidad, en interpretar el llanto del bebé, en aprender a entender las señales que nos envía nuestro bebé. Aarón no suele llorar mucho, por eso cuando lo hace de esa manera me asusta más todavía. Ha habido veces que lo ha hecho porque estaba un poco escaldado, otras tenía sueño y no encontraba la forma de dormirse…

En fin, nadie dijo que la maternidad iba a ser un camino de rosas. Personalmente no puedo quejarme, tengo un ángel de niño, sabe jugar solo, le encanta hacerlo en compañía, se entretiene con cualquier cosa, está muy atento a todo, aprende rapidísimo, por eso, cuando me toca dormirlo a brazo, lo hago. Se que muchos padres están en contra de ello, pero cuando tu hijo no suele pedirlo, si lo pide,  ¿Por qué no?.

Tampoco soy partidaria de dejarle llorar, ni considero que llorando se abran los pulmones. Por supuesto al primer “muaaaahhhh” no voy a ir corriendo a cogerlo, probablemente si lo hiciera estaría fomentando una conducta poco apropiada, y se convertiría en un niño insoportable, pero no voy a dejarlo llorar y llorar hasta que se duerma de cansancio, porque quizás no le ocurra nada, pero igual tiene un dolor insoportable y es su única manera de hacérnoslo saber.

Sexy and Mum
Foto: Pixabay

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