domingo, 5 de julio de 2015

Papillas papillotas, y yo me las como todas

No quiero parecer petarda, pero sinceramente me había planteado la maternidad como algo mucho más duro. Lo imaginaba como la apocalipsis donde no iba a tener tiempo ni para ducharme, donde tener la casa medio decente iba a ser mi utopía. Todo el mundo me dice que el nene es muy “bueno” (aunque no hay niños buenos o malos, claro está), que casi no llora y se entretiene solo. Esto me permite ir haciendo en casa, mis cosas…


Por supuesto que me gustaría tener más tiempo para todo esto, poder hacer más deporte, pero claro, también podría no haber tenido ningún bebé y seguir con mi vida de antes…



En fin, y como digo al principio, llegaron las papillas, y como mi nene es un comilón de los pies a la cabeza, no me dio guerra alguna. Imaginaba que su primera papilla iba a ser como la guerra de comida de Peter pan, pero afortunadamente eso no fue así. Empecé a dársela a los 5 meses recién cumplidos, y las primeras fueron de pera. Le encantaba. Abría la boca y la cerraba como si llevara masticando alimentos desde antes de nacer. Ese instinto me sorprendió muchísimo. El primer día tenía yo más miedo que el (siempre he tenido miedo de que se pudiese atragantar). El segundo día fui cogiendo un poco de confianza. Y el tercero fue todo rodado.

El problema lo tuvimos cuando introdujimos la manzana. ¡Uis! ¡Esto que es! Estaba un poco ácida, pero de ahí a que cerrara la boca y girara la cara de un lado a otro como si su vida fuera en ello…

La siguiente que probé fue plátano, pera y también le puse ciruela, porque el pobre estaba muy estreñido. Esa le encantaba, le iba bien, y poco a poco empezó a regularle. También probé a darle mango, nectarina… pero la  que más le gustaba era la otra.

Tips para darle la papilla y no morir en el intento. 


1. Empezar con el zumo. El pediatra me aconsejó empezar a darle zumo a los cuatro meses. De este modo, se va acostumbrando al sabor de la fruta y además le ayuda contra el estreñimiento.

2. No mezclar las frutas. Al principio es importante ir probando las frutas una a una y durante tres o cuatro días, ya que es la mejor forma de saber si tiene intolerancia o alergia a alguna en concreto.

3. Actitud. Si te muestras insegura, enfadada porque no quiere comer o desesperada, va a provocar un efecto negativo en el bebé y no querrá comer o será mucho más difícil. Muéstrate alegre, canta, baila, juega. Que siga tus manos, que se ría,  y entonces cucharón para dentro. Los juegos siempre facilitan las cosas.

4. Paciencia. Mucha paciencia. No hay que forzar a nuestro bebé. Son sabores y olores que introducimos, nuevas texturas, es todo nuevo para el y para nosotros. Así que ante todo, tenemos que tener mucho paciencia.

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