domingo, 5 de julio de 2015

Y pasaron 5 meses...

Así fue toda mi experiencia con el parto. Sin embargo, ahí no terminaba nuestra experiencia en el hospital. Al tener fiebre, tensión altísima, proteinuria, y un sin fin de cosas, el nene nació con fiebre, y directamente le pusieron la vía para el antibiótico. 3 días más a partir de ese momento en el hospital. 3 días compartiendo habitación con 3 recién paridas, 3 días más con horarios de visitas, visitas limitadas, comida de hospital, enfermeras cada dos horas… 

Por un lado estuvo bien, porque las comadronas me ayudaron muchísimo con el tema de la lactancia, aunque al final tuvimos que acabar con la fórmula porque no tenía suficiente leche. Pero por otro lado fue demasiado. Lo único que queríamos era irnos a casa. Aunque eso no pudo ser hasta un total de 5 días, porque a Aarón le había subido la infección y tenían que hacerle muchas más pruebas.

Resumiendo, a los 5 días pudimos irnos a casa , y por los pelos, porque si no le hubiéramos dado el bibe antes de que lo pesaran - lo cual no sabíamos que iban a pesarlo, claro- , tendríamos que haber estado un día más allí, porque por 2 gramos no había perdido el 10% de su peso inicial (como no me salía casi leche pero todo el mundo me decía que estaba muy bien cogido y que no me preocupase, el pobre estaba ¡muerto de hambre!)

Esto fue el 19 de Noviembre del pasado año. Mi madre estuvo con nosotros ayudándonos hasta navidades, que fuimos de vacaciones a España y ahí estuvimos con toda la familia. A partir del 7 de enero, fecha de vuelta a Londres, estábamos completamente a nuestra suerte. Rubén trabajaba de lunes a sábado, así que durante el día, estaba sola. Sola ante el peligro. Yo, que siempre he tenido miedo a esos bichos extraños que lloran y quieren comer a todas horas, eso que llaman bebés… Y ahí estaba, amándolo, mimándolo, queriéndolo, admirándolo…

Me iba a pasear orgullosa de que miraran dentro del carro. Cuando lo sacaba para darle el bibe, cambiarlo, etc., la gente me paraba para decirme que era guapísimo, y yo, claro, una mamá, que jamás hubiera imaginado que iba a serlo, estaba más orgullosa que nada, más orgullosa que nunca en mi vida me había sentido. Mi mayor logro. Ni mi licenciatura, cuando me gradué, concursos… nada, nada me había hecho sentir tan orgullosa como mi pichurrín.

Pasaba día a día, enseñándole, intentando hacerle dormir, cambiándole. Admirándole. Hacíamos ejercicio juntos, le hice mil sesiones de fotos. Dios, cómo se puede querer tanto a algo tan pequeñito… (aunque de pequeñito poco tenía, porque ya nació con 4.420 kls.)

Empezó a moverse mucho en la cuna, a darse la vuelta, reptar, rodar, decía ajo, come, mamá, papá, agua… todo eso antes de los 5 meses. A los 5 meses papá lo decía clarísimo y lo repetía una y otra vez. Cada día estaba más guapo, y todo el mundo me decía lo simpático que era mi hijo. No sabía que se podía sonreír tanto desde tan pequeño, y cuando se reía… ¡a carcajada limpia!

Sexy and Mum

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