sábado, 1 de agosto de 2015

Y así de triste es mi historia. #proyectoK & #lactancia

Hoy empieza la semana mundial de la lactancia materna, y ¿sabéis qué? Cada vez que lo pienso me echo a llorar. Cada vez que miro a mi pequeño me echo a llorar y cada vez que le preparo su biberón me echo a llorar. Lo peor de todo es que me echo a llorar porque me hago culpable de no darle el pecho. ¿La razón? Pensaba que dar el pecho era tan fácil como ponértelo a la teta, y que había gente que simplemente no tenía leche y no podía darlo... Qué equivocada y cuántos errores por mi parte.

Siempre había dicho que yo iba a dar el pecho si algún día tenía un hijo. Por allá del 2009, cuando tenía 24 años, me sometí a una operación de aumento de pecho (tenía malformación congénita y mis pechos eran totalmente planos, solo tenía un garbanzo por botón, y los chicos se metían conmigo llamándome castellón de la plana) Pero aun sin pensar seriamente en la maternidad y aun pensando que la vida me iba a llevar a ser tía pero no mamá, me aseguré de dos cosas: 

1. Que fuera cual fuera el método que al final utilizaran yo pudiera seguir dando el pecho

2. No llevar silicona, por si las moscas. (de hecho llevo suero salino y me ha ido fenomenal).


No se nota en absoluto que son pechos operados, de hecho, la gente no me cree cuando lo digo. Eso significa que elegí a la mejor cirujana, cabe decirlo, y que hizo bien su trabajo. Pero sin desviarme del tema y volviendo a lo de la lactancia. Toda la vida diciendo que iba a amamantar. Todo el embarazo con la cabeza bien alta diciendo, "No quiero saber nada de biberones, voy a dar el pecho" y el desastre estaba por llegar.

No se me hincharon ni lo más mínimo las tetas durante el embarazo. Nada. Cero. Pero mis operados pechos lucían carnosos y a rebosar de leche. Di a luz y parecía que todo iba viento en popa, el bebé se cogía súper bien a la teta, y mis pechos no eran los más grandes del hospital pero estaban bien (uso una 90-95, tampoco es para tanto). En fin, lo que pasó es que todo el mundo pensaba que mi pequeño comía y comía y que a mi me salían litros de leche por ahí. Acabé exprimiendo el calostro y metiéndolo en una jeringuilla para dárselo al bebé. Cuando se acabó salía muy poca leche y muy a mi pesar empecé a darle fórmula con la técnica de la pajita y el dedo.

"Será que no tienes leche suficiente" me decía todo el mundo. Y efectivamente, con el sacaleches apenas salía. Pasamos una semana en el hospital y NADIE supo decirme que TODAS podemos tener leche. Nadie supo decirme que me pusiera a mi bebé cada media hora si hacía falta. Incluso al contrario, que no me lo pusiera más de cada dos o tres horas.

Aguanté intentándolo un mes y medio en total, pero claro, mes y medio que lo ponía cada tres horas, no a demanda, ya me aseguraron que tenía que ser así. Un mal día la leche se fue, y mi bebé se quedó sin su lechita, sin mi lechita.

Escribiendo estas palabras soy un mar de lágrimas, pero hay una luz de esperanza al final del túnel. Recientemente he leído que se puede la lactancia inducida e incluso relactar, así que espero que mi historia empezara triste pero que tenga final feliz. Es lo que más deseo en esta vida. Veo a las mamás dar el pecho a sus hijos y no puedo evitar sentir envidia sana. Yo siempre dije que yo daría el pecho...

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